jueves, 18 de febrero de 2016
martes, 16 de febrero de 2016
De las ventajas de tener una novia omnipresente
Hace poco ha llegado a la oficina un paquete para mi. Lo he abierto y era un pastelito como el de la foto.
Solo escribo por agradecerle a Saray el uso de su omnipresencia
para hacer el bien. No sé ni quiero saber cómo lo hace, pero su magia siempre es
bien recibida.
Gracias por destrozar las expectativas.
No te asustes, pero creo que me estas empezando a gustar.
lunes, 15 de febrero de 2016
De nostalgias, de adelantos
El otro día fui a casa de tus
padres, de tu familia, de la mía. Era inevitable no observar cada pequeño
detalle, cada rincón en el que tendrás miles de historias vividas, pero yo,
identifico unos escenarios más que otros, porque ahí te recuerdo, ahí nos
recuerdo.
Te adelanto un espacio conocido
antes de tu regreso, lleno de añoranzas para este día tan especial de tu
cumpleaños. No es tu único regalo (es el primero de tres), pero es el que me
alcanza en el espacio a regalarte.
Primero me gustaría que te
visualizaras donde empezaba y terminaba todo un día sergil, en tu habitación,
en tu cama.
Bueno, ahí soy yo la que la
disfruto en la actualidad, ya sabes: cama arriba, cama abajo.
Luego toca ir a la zona de estudio,
ocio, trabajo,…
La de proyectos e ideas locas que
se te habrán ocurrido en esta sala. Y ahí está la sillita pequeña de Hércules,
en la que me sentaba a tu lado a trabajar. Podías pasarte horas y días enteros
sin salir de la habitación, pero eso lo saben mucho mejor tu madre y tu abuela.
También la ducha era un lugar
clave en el que pasabas las horas bajo el agua caliente y te inspiraba para
proyectar inimaginables artilugios e ideas macabras y no tan macabras.
Aquí te dejo algunas de tus hazañas
perdurables en tu morada familiar:
Tu diseño de taburetes con cintas
de VHS junto a tu jenga gigante (aunque esta última no la hicieses tú).
La lámpara-joyero que me
diseñaste y construiste para mi cumple con rollos de cartón (estoy deseando
ponerla en “nuestra” casa, cuando tengamos algo parecido a ello en estos lares
europeos).
Tus cajones de separación de
basura que tan bien ha conservado y utilizado tu familia.
Tu diseño de porta paelleras
reconvertido en un uso diario que no fuiste capaz de identificar en un inicio
(seguro que este te encanta J,
es la magia de la reinvención).
Y aquí “una tu planta”, un
proyecto sin diseño, salvo el de la propia naturaleza, que con el buen cariño
de tu familia tiene ya más de 6 hijuelos.
Siempre dejas huella, te
esperamos.
Feliz cumpleaños Sergio. Te quiero.
Fdo. Saray.
Ah, y aquí te dejo una foto de
Luis, que no pinta nada en este post, pero siempre es un gusto verlo y además
me invitó a mi primera marinera después de 2 años.
jueves, 4 de febrero de 2016
Fin de obra - Hostalito 14
La obra acabo hace bastante, pero quedaron pendientes muchos detalles, hoy ya han abierto, los primeros clientes son unos polacos atrevidos :)
Os dejo fotos de esta obra en donde pude seguir de cerca la ejecucion y del que soy perpetrador de la mayoria del diseño. (solo de lo bueno, lo malo fue mi jefe).
Os dejo fotos de esta obra en donde pude seguir de cerca la ejecucion y del que soy perpetrador de la mayoria del diseño. (solo de lo bueno, lo malo fue mi jefe).
martes, 26 de enero de 2016
La chayotera
Nací y crecí siendo un urbanita. Poco importa que viviera
desde los 15 en una casa de campo, pues de campo solo tenía el nombre. Me
refiero a que jamás tuve un contacto cercano con la vida rural ni lo que
implica. El único nexo era esporádico y lo representaban mis abuelos. En verano
íbamos ayudarles a recoger la almendra. Pero yo era pequeño y solo jugaba con
mis primos y primas.
Las alegrías y disgustos, los sinsabores y las recompensas
internas de mis abuelos nunca las comprendí, como el que no comprende mucho a
gente de otras culturas. Chiapas me ha servido entre otras cosas para
reconciliarme con mis abuelos. Manda cojones que entiendas mejor a alguien
cuando te vas 10.000 km lejos de él. No intenten planificar esta vida.
Por no alargar el cuento, hoy quería hablar de una
chayotera. En casa lo único que tenemos plantado es una pinche chayotera que
crece como las habichuelas mágicas del cuento. De verdad crece 15 cm diarios,
si tienes paciencia y la miras, la puedes ver crecer. Fíjense un cierto deje de
orgullo cuando hablo de la chayotera. Ese es el primer punto de comprensión con
mis abuelos, el orgullo de un cultivo.
La pinche chayotera da chayotes a cientos, no la regamos,
tiene medio metro cuadrado de tierra rodeada de hormigón, no la podamos, de hecho
nuestro único trabajo es intentar que no nos invada la casa.
El otro día me día al
ardua labor de recolectar todos los frutos que tiene, acopiarlos y empezar a
pensar que hacer con eso.
Cosas en las que he recapacitado estas semanas.
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Supongo que para la gente de campo esta sensación
no es tan intensa, pero para un urbanita hay algo cojonudo en estar en casa, ir
afuera, agarrar algo comestible de una planta, e ir a cocinarlo y comer. Es
algo casi mágico, como no poder acabar de asimilar que la comida sea gratis y
este ahí mismo, solo hay que cogerla y cocinarla. En mi caso no está ni el
fruto del trabajo duro, es solo que es cojonudo sentir la simplificación de esa
cadena que implica alimentarse en una ciudad.
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No sé si es algo ancestral o qué, pero hay una alegría
intrínseca a poder alimentar a gente que aprecias. Tener alimento que has
plantado tú, tener más del que puedes consumir, y poder regalarlo a conocidos
es un placer. Ahí comprendo a mis abuelos, llegando cada semana con cajas de
verduras para repartir entre los hijos. Haciendo oídos sordos a las quejas de
los hijos que les dicen que no traigan tanto. Que digan lo que quieran, no se
hace por ellos, se hace por uno mismo. Yo, ser humano, he generado alimento, y
te lo entrego como obsequio de aprecio, para que te alimentes. Es la ostia!!
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Y ya no solo conocidos, a veces llegaba a casa y
vería en la calle gente que pasaba cuchicheando sobre los chayotes que colgaban
del muro hacia la calle (la puta chayotera es inmensa). Y sin pensarlo les decía
que si querían chayotes. Ellos me miraban como avergonzados de que les hubiera oído
hablar sobre el posible hurto, y desconfiando. Pero en seguida las decía que
entraran a casa y les daba una bolsa llena. Pura felicidad, deberían hacer una
terapia de esto.
En fin pues eso, que es mu bonico cultivar alimentos, y disfrutar
de todo lo que descubres con ello. Y que ahora comprendo la felicidad de mis
abuelos y porque mi abuelo prefiere morirse antes que dejar su tierra e irse a
vivir a la ciudad.
jueves, 21 de enero de 2016
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